Quienes somos
La plataforma Provida SIEMPRE VIDA forma parte de la Fundación Enraizados, una organización comprometida con la defensa de la cultura de la vida y la dignidad humana. Enraizados nace con la vocación de servir a las personas desde una perspectiva cristiana de católicos en la vida pública, promoviendo el bien común, el cuidado de la familia y la protección de los más vulnerables en nuestra sociedad.
SIEMPRE VIDA es una iniciativa Provida clásica dedicada a enfrentar la «batalla cultural» contra el aborto, la eutanasia y todas las técnicas que atentan contra la vida. Hemos venido a molestar, a tratar los tabús y hacerlos saltar por los aires. No se nos va a poner nada por medio. Todo, lo que se dice todo, se hablará y se tratará. ES LA GUERRA CULTURAL CONTRA EJÉRCITOS MUY PODEROSOS.
En SIEMPRE VIDA hay espacio para todas las personas que defienden la vida y rechazan la cultura de la muerte, sin importar su sexo, su ideología política o que sea religioso o no. Somos una comunidad plural unida por la defensa de la vida y el deseo de construir una cultura que la promueva.
Nuestro objetivo es claro: que se deroguen las leyes que atentan contra la vida, como la Ley Orgánica 1/2023, de 28 de febrero, de reforma de la ley del aborto, y la Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, la ley de la eutanasia.
Otros de nuestros objetivos son que se legisle a favor de las madres y de las familias, que se agilicen los trámites de adopción en todo el territorio nacional y que se pongan en marcha en toda España auténticos Servicios de Cuidados Paliativos, para garantizar dignidad y humanidad hasta el final natural de la vida.

José Castro Velarde
Presidente y Confundador de Enraizados
Católico, español, casado y padre de 6 hijos, desde joven descubrió su vocación a trabajar por el bien común. Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas y Empresariales por el Instituto Católico de Artes e Industrias (Icade). DEA en Derecho por la UNED y Master en Doctrina Social de la Iglesia. Ha desarrollado su labor profesional en diversas empresas siempre en el ámbito de los Riesgos.

Carmelo Álvarez Fernández de Gamarra
Coordinador y Cofundador de Plataforma SIEMPRE VIDA
Veterinario. Especialista en producción y nutrición. Empresario. Comprometido con la cultura de la vida desde joven.
Marta
Nexo de unión entre @Enraizados.org y @Siemprevida.org
Ignacio Rodríguez
Colaborador. Gestor de redes sociales de @Siemprevida.org
NUESTRA POSTURA FRENTE AL ABORTO.
- Cigoto, embrión, feto. ¿Cuándo comienza la vida?
- Eliminar un ser humano vivo se denomina asesinato
- Desde el punto de vista de la moral y de la axiología, todo signo de vida humana es precioso
- El cuerpo del ser humano dentro del cuerpo de la madre no es el mismo
La ciencia es clara y contundente: la vida humana comienza en el momento de la fecundación. El cigoto, esa primera célula única e irrepetible, contiene ya todo el código genético que determina al nuevo ser. No es una parte de la madre ni del padre, sino alguien distinto. De ese cigoto, mediante un proceso continuo y ordenado, se desarrolla el embrión y más tarde el feto. No hay salto mágico que convierta un “algo” en un “alguien”: desde el inicio es vida humana en evolución. Negar esta evidencia es negar la biología más básica.
El lenguaje importa. Llamar “interrupción” a lo que en realidad es la eliminación de un ser humano es un eufemismo que pretende adormecer conciencias. Si un adulto es eliminado, lo llamamos asesinato; si un niño no nacido es eliminado, ¿por qué cambiar de palabra? El hecho no se modifica: se ha terminado con una vida humana. Aceptar la manipulación del lenguaje es el primer paso para aceptar la violencia como algo normal.
Más allá de la biología, la vida humana tiene un valor intrínseco que ninguna circunstancia puede devaluar. Cada latido, cada respiración, cada huella genética es portadora de dignidad. La axiología —la ciencia de los valores— reconoce que la vida no se mide por su utilidad o por el deseo de otros, sino por lo que es en sí misma: un bien supremo. Por eso, toda vida, sin importar su etapa o condición, merece respeto y protección.
Uno de los mayores engaños del discurso proaborto es afirmar que el hijo “es parte del cuerpo de la madre”. No lo es. La ciencia demuestra que desde la fecundación existe un ADN distinto, un sistema inmunológico propio y un proceso vital independiente. Madre e hijo están íntimamente unidos, pero no son la misma persona. Ninguno puede reclamar dominio absoluto sobre el otro. La madre tiene derecho a su cuerpo, pero no al cuerpo de su hijo. Reconocer esta diferencia es reconocer la verdad más elemental de la naturaleza.
RELIGIÓN Y ABORTO: UNA DEFENSA COMÚN DE LA VIDA
El debate sobre el aborto suele presentarse como un choque entre religión y secularismo. Sin embargo, esa dicotomía es falsa y empobrecedora. La defensa de la vida humana no pertenece a un único credo, sino a la humanidad entera. Tanto creyentes como agnósticos o ateos pueden coincidir en lo esencial: eliminar una vida inocente es una injusticia intolerable.
Para los religiosos, la vida es un don sagrado que pertenece a Dios. En el cristianismo, por ejemplo, cada ser humano es creado “a imagen y semejanza” divina y merece respeto desde la concepción hasta la muerte natural. En el judaísmo y el islam, la vida es igualmente inviolable porque procede del Creador. Estas tradiciones recuerdan a la sociedad que no todo puede estar sometido a la voluntad humana o a mayorías parlamentarias: hay límites éticos inquebrantables.
Pero no hace falta fe para reconocer lo mismo. El ateo coherente puede defender el derecho a la vida desde la razón: la biología muestra que desde el cigoto existe un individuo humano distinto. La filosofía enseña que la dignidad no depende de la edad, la salud o la utilidad. La historia muestra que cada vez que una sociedad clasificó a seres humanos como “no personas”, abrió la puerta al exterminio.
El agnóstico, por su parte, puede admitir que, ante la duda, debe prevalecer la prudencia: si no sabemos cuándo comienza la vida humana en términos filosóficos, lo racional es protegerla desde el inicio. Nadie dinamita un edificio si existe la mínima posibilidad de que dentro haya alguien vivo.
La convergencia es clara: distintas cosmovisiones, un mismo resultado. Defender la vida no es patrimonio de unos pocos, sino un deber común. Quienes se oponen al aborto y a la eutanasia desde la fe ofrecen un argumento trascendente; quienes lo hacen desde la razón ofrecen un argumento inmanente. Ambos son necesarios, complementarios y mutuamente reforzantes.
Aceptar la pluralidad de voces en esta causa es estratégico y justo. Estratégico, porque el movimiento provida necesita todas las fuerzas posibles: creyentes de distintas confesiones, filósofos seculares, científicos honestos, feministas auténticas que rechacen la violencia contra el hijo, y ciudadanos de a pie que simplemente aman la justicia. Y justo, porque la vida humana es un valor universal, no confinado a templos ni ideologías.
La lucha contra el aborto y la eutanasia es, en definitiva, un espacio privilegiado de encuentro: religiosos, agnósticos y ateos, unidos por la convicción de que ninguna cultura puede sobrevivir si legaliza la eliminación sistemática de sus más indefensos. Y si defender la vida nos coloca juntos, bienvenida sea esa unión.
LOS MÉTODOS ANTICONCEPTIVOS Y LA VISIÓN PROVIDA
El debate sobre los métodos anticonceptivos dentro del movimiento provida no es sencillo ni homogéneo. Existe un primer eje que no puede ignorarse: muchos provida utilizan anticonceptivos. La realidad social muestra que incluso personas convencidas de la defensa de la vida recurren a métodos para espaciar los nacimientos o evitar embarazos, por motivos de salud, económicos o personales. Ser provida no significa automáticamente rechazar todo control de la natalidad; significa, sobre todo, defender la vida humana desde la concepción. En ese sentido, algunos movimientos provida admiten como opción los métodos naturales o incluso ciertos métodos no abortivos, distinguiendo entre prevención del embarazo y eliminación de un ser ya concebido.
El segundo eje es decisivo: los métodos anticonceptivos que actúan de forma abortiva no son admitidos. Aquí el consenso provida es total. Hay anticonceptivos que no se limitan a impedir la fecundación, sino que alteran el endometrio o generan condiciones para impedir la implantación del embrión. En esos casos, lo que se evita no es un embarazo potencial, sino la continuidad de una vida humana ya iniciada. Para el movimiento provida, esto constituye un aborto temprano encubierto, aunque se presente con otro nombre en los prospectos farmacéuticos.
Esta distinción es crucial: mientras algunos métodos pueden considerarse preventivos, otros son auténticamente destructivos. El provida informado sabe que la diferencia entre impedir la fecundación y eliminar un embrión no es una cuestión semántica, sino ética y biológica.
En conclusión, el debate provida sobre anticoncepción no gira en torno a la libertad personal de cada pareja —que existe y se ejerce—, sino en torno a la frontera infranqueable: ningún método que elimine una vida humana ya concebida puede ser aceptado. Sobre esa base se construye un espacio de responsabilidad y coherencia que distingue entre planificar y eliminar. La primera acción puede discutirse; la segunda jamás puede justificarse.
LA VIOLACIÓN Y LA MENTIRA DEL ABORTO
Hablar de la violación es abordar uno de los crímenes más terribles que puede sufrir una persona. Ninguna mujer merece esa humillación ni esa violencia. Ahora bien, desde el punto de vista provida, la tragedia de una violación no justifica un aborto. Sería añadir un mal mayor —la eliminación de una vida inocente— al mal ya cometido contra la madre. El hijo concebido en esas circunstancias no es culpable de la violencia del padre, y su derecho a vivir no puede depender del delito cometido por otro.
El movimiento abortista ha utilizado la violación como argumento central. No es casualidad: la era moderna del aborto comenzó en 1973 con Roe v. Wade, un caso construido sobre una mentira. Norma McCorvey, la mujer que lo protagonizó, declaró años después que no había sido violada, aunque esa mentira fue el cimiento sobre el que se levantó la legalización del aborto en EE. UU. Millones de vidas se perdieron por un caso fabricado. El ejemplo muestra cómo una excepción dramática se convierte en excusa para abrir la puerta a la eliminación masiva.
En España, las estadísticas oficiales de los últimos diez años registran los abortos por “petición de la mujer” o por causas médicas, pero no especifican los casos de violación. Todo queda diluido bajo categorías generales. Y aun así, los abortos en España superan los 90.000 anuales, lo que demuestra que el supuesto de la violación es irrelevante desde el punto de vista numérico: se usa más como argumento político que como realidad estadística.
Por otro lado, incluso en el terreno biológico, la probabilidad de embarazo tras una violación es limitada. Los estudios estiman una tasa media de entre 4 y 8% de embarazos en casos de violación, lo que significa que la mayoría de estas agresiones, aun siendo dramáticas, no terminan en embarazo. Y aun en ese porcentaje, lo que aparece es una nueva vida humana, completamente inocente.
En conclusión, la violación no puede usarse como excusa para legitimar el aborto. El drama de la madre exige justicia contra el agresor y acompañamiento humano y psicológico para ella, pero nunca la eliminación del hijo. La mentira de Roe, la falta de datos claros en España y la baja probabilidad de embarazo confirman que estamos ante un argumento más ideológico que real.
AGILIZAR LA ADOPCIÓN: UNA URGENCIA PROVIDA
El movimiento provida no se limita a decir “no al aborto”. Su propuesta es más amplia: ofrecer alternativas reales a las madres y salvar la vida de los hijos. Una de esas alternativas es la adopción, pero el sistema actual en España está marcado por la lentitud burocrática y la rigidez administrativa, que se traducen en meses e incluso años de espera para familias que desean acoger un bebé.
Desde la perspectiva provida, esta situación es un contrasentido: por un lado, miles de mujeres en situación de crisis acaban optando por el aborto porque no ven salida; por otro, miles de familias están dispuestas a abrir sus hogares, pero se encuentran atrapadas en trámites interminables. El resultado es dramático: se pierden vidas que podrían haber encontrado un futuro lleno de amor.
La propuesta provida es clara: agilizar las inspecciones y los procesos administrativos para que la adopción de bebés sea una opción real, rápida y transparente. La seguridad del menor debe estar garantizada, pero eso no puede ser excusa para un laberinto burocrático que desalienta a las familias.
Cada bebé que encuentra un hogar es un testimonio de esperanza. Facilitar la adopción es coherente con la defensa de la vida, porque no basta con evitar la muerte del no nacido: hay que asegurarle un futuro digno. El Estado debería ser aliado en este proceso, eliminando trabas y priorizando la vida sobre la burocracia.
En definitiva, el movimiento provida reclama agilizar la adopción porque cada día de demora es una oportunidad perdida de salvar una vida y de dar una familia a quien más la necesita.